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El poder del discurso materno. Laura Gutman

Sudamericana | 9789588662862
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Fragmento

Prólogo para esta nueva edición

Desde que El poder del discurso materno se publicó por primera vez, mi confirmación constante del lugar que ocupan nuestras opiniones e interpretaciones ha ido en aumento. ¿Hay algo que consideremos indiscutible? Sí. Que mamá ha sido buenísima y sacrificada. ¿Es verdad? Para la vivencia interna de mamá, no hay dudas. El problema es que, mientras tanto, nosotros éramos niños. Y los niños precisábamos una presencia amorosa y fusional, un resguardo emocional y una suavidad materna que nos envolvieran en un placer físico sensorial protector.

Eso no nos sucedió. Las vivencias internas del niño que hemos sido han estado supeditadas al miedo, la distancia afectiva, la obediencia, la soledad o la violencia en cualquiera de sus formas. Sin embargo, aquello que nos pasó a nosotros no lo recordamos, por lo tanto tampoco podemos evocarlo. En cambio, sí recordamos la realidad tal cual ha sido nombrada por nuestra madre, con lujo de detalles. Recordamos sus padecimientos, sacrificios y penurias, incluyendo cómo mamá nos nombraba a nosotros. Tal vez valoraba nuestra inteligencia, nuestra madurez o nuestra capacidad de adaptación o, por el contrario, detestaba nuestra desobediencia o nuestras demandas infantiles. En cualquier caso, nuestros recuerdos se organizaron sobre la base de las palabras dichas por nuestra madre, o por la mujer que nos crió.

En el presente libro describo estas evidencias. A medida que han pasado los años, he comprobado que el mayor obstáculo —para tolerar la lectura— reside en la lealtad emocional que mantenemos hacia nuestras madres. ¿Cómo comprobarlo? Tendríamos que abocarnos al despliegue completo de la biografía humana de cada individuo.

Si hemos organizado nuestro entendimiento según lo que mamá nos ha dicho, es muy probable que todo nuestro sistema de creencias esté alineado. En efecto, no nos gusta que nadie cuestione la figura de mamá. Nos parece una falta de respeto y, sobre todo, una traición a todo lo que mamá hizo por nosotros. ¿Es verdad que hizo mucho? Desde el punto de vista de mamá, sí. Ella ha hecho el máximo de lo que ha sido capaz, no hay dudas. Insisto en que —cuando no toleramos que alguien cuestione a nuestra madre en su función maternante— es porque la lealtad funciona a pleno. Respondemos a una promesa inconsciente que establecimos desde tiempos remotos alimentándose del miedo al abandono, que fue la amenaza recurrente. El acuerdo original fue: “Si te quedas conmigo nada malo te va a acontecer”. Esta afirmación esconde la siguiente: “Si me abandonas o si buscas tu propia libertad, no te voy a proteger y estarás en peligro”.

Cuando fuimos niños, no tuvimos elección. Claro que precisábamos la protección de mamá, pero tendría que haber funcionado sin condiciones. Los niños no tenemos que devolver el favor por haber sido criados. Aquí hay un despropósito transgeneracional: las madres —infantiles y necesitadas, como consecuencia de sus propias infancias— nos han exigido alianzas a través de nuestra inquebrantable lealtad. En esas circunstancias, cualquier sentimiento autónomo que pudiera aparecer en nuestro interior sería considerado traición.

He aquí parte de los obstáculos que operan —sin que nos demos cuenta— y que nos mantienen prisioneros y nos convierten en defensores a rajatabla de pensamientos que podrían ser cuestionables. Sin embargo, no hay nada que sea bueno o malo, correcto o incorrecto. No se trata de juzgar a nadie ni de pensar que las cosas deberían ser de una manera o de otra. Es más, no hay una buena manera de ser, de hacer o de pensar. De hecho, a través de mis investigaciones y escritos, sólo ofrezco caminos posibles para acceder a nuestra realidad real. La realidad de lo que nos pasó, la realidad de lo que hicimos con eso que nos pasó, y lo que somos capaces de comprender hoy con eso que hicimos como consecuencia de lo que nos pasó. Luego, decidiremos pensar o hacer lo que queramos.

Para lograr algo tan ambicioso (o sea, abordar la realidad real sin interpretaciones), precisamos definir la distancia entre lo que nuestra madre ha nombrado y lo que —subjetivamente— hemos experimentado. Por ejemplo, todos los adultos damos por sentado que los niños no merecen recibir eso que reclaman. ¿Qué reclaman? Ser atendidos tal como nuestro diseño original humano necesita. Sin embargo, mamá —y la civilización en su conjunto— opinan que debemos ser niños buenos y quedarnos quietos. Pero resulta que un niño se mueve, está diseñado para moverse. Otro ejemplo: mamá —y todo su entorno— opinan que necesitamos límites. Pero resulta que necesitamos un enorme caudal de permanencia, presencia, fusión emocional, percepción vibratoria, cobijo y ternura materna según nuestro diseño de criatura de mamífero humano. Lo precisamos, como el aire que respiramos, desde el momento en que hemos nacido. Pasa que es tan raro encontrar en nuestra civilización una escena alineada con nuestra naturaleza humana que hemos terminado por suponer que no es importante. He ahí la verdadera distancia entre el discurso y la realidad. Allí está el nudo, el origen, el inicio del desastre ecológico en el que estamos todos inmersos.

Quiero decir que por un lado tenemos el diseño original de nuestra especie —que es el mismo a lo largo de toda la historia de la humanidad, en todos los rincones del planeta— y, por el otro, tenemos la civilización que decide hacer las cosas de otra manera. Para que una civilización determinada obtenga los resultados que necesita, interpretará la realidad para favorecer la consolidación de sus propósitos.

Escribo todo esto para contarles que salir del surco no es fácil y pensar con autonomía tampoco. Observar por fuera del campo parece ser un acto de valentía inusual. Sobre todo, si sentimos que no deberíamos hacerlo porque traicionaríamos a mamá, cosa que nunca nos lo perdonaría.

Las consecuencias por seguir mirando la realidad desde lentes teñidas y desgastadas a través de muchas generaciones también están descritas en el presente libro. Y al igual que en cada uno de mis textos,





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