Imagen La llegada del Dragón / Noemi Sanin, Miguel Ceballos Arvalor

La llegada del Dragón / Noemi Sanin, Miguel Ceballos Arvalor

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Nadie podía esperar el fallo de la Corte Internacional de Justicia contra Colombia


 —contrariando todos los antecedentes jurisprudenciales de esa Corte y los tratados y leyes internacionales vigentes—, lo que indica la injusticia de culpar a los gobiernos anteriores, a los negociadores y los juristas que defendieron nuestra posición. ¿Qué hay detrás de una sentencia incomprensible, que desconoce un tratado válido entre Colombia y Nicaragua sobre límites, que nos priva de 75.000 y más kilómetros cuadrados de mar, que convierte el archipiélago de San Andrés y Providencia en un extraño enclave, vulnera la reserva Sea Flower y cambia los límites de cuatro países, para extender la jurisdicción del Estado demandante?


Ese sorprendente fallo ha sido minuciosamente examinado durante largos meses por Noemí y Miguel, hasta encontrar la posible clave de tan inesperado y antijurídico esperpento, mientras el gobierno colombiano lo ha observado con indolente y apática languidez, aunque en algún momento suscitó un efectista pronunciamiento presidencial preelectoral. 


En vez de rechazo, la posición oficial ha sido la de manifestar que el fallo es inaplicable, que hay que esperar la opinión de la Corte Constitucional de Bogotá y que finalmente se aplicará, cuando se llegue a una delimitación de las soberanías disputadas con Nicaragua, como si la contraparte no dispusiera de inmensa ventaja táctica (el fallo) y de clara visión estratégica (su incorporación a la creciente esfera de influencia de la República Popular China). 


La llegada del dragón al Caribe es un “hecho nuevo”, tanto en el ámbito del derecho internacional como en el escenario geopolítico, porque antes del fallo, Nicaragua ocultó a la Corte Internacional de Justicia la concesión por cien años otorgada a un empresario chino, de su mar y del que disputaba a Colombia, dentro del marco requerido para la construcción de un inmenso canal interoceánico llamado a trastornar los equilibrios de la política mundial.




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